El «sí» enorme,

y misericordioso de Dios

 

En el número de febrero 2010, la revista «Ciudad Nueva» publica el testimonio de un miembro de su movimiento (Los Focolares). Ofrecemos algunos párrafos de la entrevista que le hizo Ana Moreno Marín.

 

 

Con motivo del Año Sa­cerdotal y siguiendo la serie de las vocaciones, ha­blamos con Aitor de la Mo­rena. Es originario de El Molar, un pueblo de Ma­drid, tiene 25 años, está en 4° curso en el Seminario Conciliar de Madrid.

 

-¿Por qué decidiste entrar?

Me costó mucho dar el paso. Escuché la llamada de Dios con 13 años, pero por diversos motivos, sobre todo miedo, siempre contestaba que no. Después de una ado­lescencia de fiestas, drogas y mucho escapar de la reali­dad, perder el gusto por la carrera y hasta por la vida, por fin le pregunté al Señor si me seguía llamando. Un «sí» enorme, cálido y miseri­cordioso llenó mi corazón, y me invadió la mayor paz que he sentido en mi vida. Tal «chorro» de gracia me dio fuerzas para decírselo a todo el mundo y acercarme por el seminario. Allí voy viendo confirmada por parte de la Iglesia esta llamada.

-¿Qué significa para ti el sacerdocio?

¡Tantas cosas...! Sobre to­do, estar al servicio del sacer­docio común de todos los cristianos, como consagrado al Señor y como su pastor, las 24 horas del día. Los católicos llegamos a afirmar cosas ver­daderamente grandes sobre el ministerio, como que el sacer­dote es alter Chrístus, o que actúa, sobre todo cuando pre­side los sacramentos, in per­sona Christi. Para mí significa algo inmensamente grande e inmerecido. También el pres­bítero, desde siempre, es co­laborador del obispo diocesa­no, y para mí ésa es una faceta muy importante: no actuar solo, aislado, sino con toda la Iglesia diocesana y universal, de forma que todos tengamos un solo corazón y una sola alma (Hch 4, 32). La espiritualidad de la unidad es de una gran ayuda para esto último y para amar a todos, también a los no cristianos.

 

-¿Por qué hay menos vocaciones?

Quizás no recemos lo suficiente. Jesús dice: «Rogad, pues, al dueño mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38). ¡Y ya sabes que en el Movimien­to de los Focolares intenta­mos vivir cada palabra del Evangelio! Además, mi his­toria personal demuestra que los jóvenes nos enreda­mos en mil cosas y nos cuesta preguntarle al Se­ñor qué quiere de nosotros, y hacerle caso. Nos cuesta mucho también cualquier tipo de compromiso. Es fundamental, como dice Amadeo Cencini, crear una «cultura vocacional», de for­ma que los jóvenes en nues­tras parroquias y movimien­tos se pregunten de forma natural cuál es su vocación. Y quizás también sería bue­no que vieran cierta cultura cristiana, ¡vamos, el Evange­lio hecho vida! Así, en vez de dejarse llevar por la corriente dominante, se dejarían llevar por Aquél que hace posible esa vida.

 

-Ser sacerdote en una Iglesia tan denostada  ¿Te asusta?

Duele... pero sincera­mente no me asusta, me gus­ta, porque la Iglesia ha sido siempre perseguida y, cuan­do no lo ha sido, ha entrega­do libertad a cambio de algo, y a la larga ha sido negativo. Cuanta más persecución ha­ya, si los cristianos somos fieles al amor de Dios, más fecunda será la vida de la Iglesia y más auténtica la evangelización. Intento con todas mis fuerzas amar a to­dos, también a quienes ata­can a la Iglesia, porque, por otra parte, éstos no saben lo que hacen, como dijo Jesús en la cruz. Y todos los días pienso: «¡Ay, Señor, si supie­ran lo que los quieres!».